Palabras de John Cassavetes

Y eso me mantiene vivo. Estar con gente con la que me siento cómodo.

Yo no paro de trabajar con personas que no paran de decirme que me vaya a tomar por el culo, que disienten con lo que digo y dicen: “No me gusta la película”, pero son personas sinceras y se esfuerzan, y son autodisciplinadas. Y eso me mantiene vivo. Estar con gente con la que me siento cómodo. No que está de acuerdo conmigo, sino a gusto, que no asume la postura de ser alguien porque nunca vas a ser nadie. Simplemente disfrutas del trabajo. Es como si alguien dijera: “Cuando tenga un poco de dinero voy a ser realmente feliz”, o “cuando tengamos ese carro las cosas van a cambiar”. Pero nunca cambian. El único momento cuando las cosas cambian es cuando disfrutas. Por eso es mejor trabajar con gente y disfrutar, y hablar sólo de lo que estás haciendo, de la película, profundizando y riendo e insultándola y tratándola como a las personas. Porque, ¿cuánto va a durar ese amor? ¿Un par de meses? ¿Un año? Después, se termina la película y adiós. No he visto Shadows desde el día que terminamos. Realmente es algo brutal, pero pierdo todo interés en cuanto se termina una película. No creo que vuelva a ver Faces nunca más. Es como un amor que no ha terminado.

 Siempre tratamos de pensar en cual es el mejor momento de nuestra vida. Por lo general pensamos en los años de estudiante o algoparecido. El rodaje de Faces fue el mejor momento de mi vida, por la gente. Nunca había conocido gente así, y me refiero a cada uno de los miembros del reparto y del equipo, gente que hizo que mi vida valiera la pena. Ni una sola vez durante todo el rodaje pensé que en el mundo había algo más aparte de esas personas; por su dedicación, por su pureza. Hay cierto deseo cuando se hace película, cuando sabes que no hay límites y de veras estás dispuesto a morir por la película que estás haciendo. Claro que parece una locura. Si mueres por tu patria no es tan bueno, pero en el cine es lo último que haces, quieres hacer tu película. Con esa actitud, haciéndolo de esa manera, un hombre pasa por la vida utilizándose a sí mismo, haciendo de verdad algo con su vida.

Ser un individuo en Los Ángeles es como ser un individuo en el ejército.

Los Ángeles es la ciudad del cine. La mayoría de los que trabajan allí están conectados de un modo u otro con la industria del espectáculo. Todos llenos de ambiciones e ideas. Ser un individuo en Los Ángeles es como ser un individuo en el ejército. Mantener una vida que es el resultado de una vida de trabajo esforzado es casi imposible. No porque falte talento y la gente no tenga la misma vitalidad e Hollywood, sino más bien porque las reglas imponen poca prominencia, carácter suave, miedo cortés y una hipocresía feroz. Un fanático decidido, obsesionado con visiones distintas de la familia, del dolor, vuelve loco a los normales tratando de transferir esos sentimientos en un medio insustancial, un medio tan regulado, tan intoxicado con la idea de hacer ganancias, tan violenta y silenciosamente competitivo que sus límites hacen que el muro de Berlín parezca sacado de una película de Disney.  

Hay que pelear todos los días para dejar de autocensurarse. Y cuando lo haces, nunca hay nadie a quién echarle la culpa. Lo que les ocurre a los artistas no es que haya alguien interponiéndose en su camino, ellos mismos son el obstáculo. Cuando trabajas en una película comercial, haces un trato, transiges, pero ese compromiso no consiste en qué harás ni en cómo lo harás, ni las técnicas que emplearás, ni siquiera importa el contenido; ese compromiso hace que empieces a sentir una falta de confianza en tus convicciones más íntimas. Y si no llevas esas convicciones a la pantalla, lo que haces es no solo menospreciar a tu público, sino también a la gente con la que trabajas, y esa es la razón por la que hay mucha gente que se siente infeliz trabajando allí. Por lo general dicen: “Bueno, gano un pastón, y después vuelvo y hago esto o lo otro”, pero la verdad es que, por supuesto, nunca lo hacen. Las convicciones más íntimas se van alejando de ti, y cuando las pierdes, te quedas sin nada. No creo que nadie lo haga a propósito; lo que pasa es que pasa es que hay muchas personas que son conscientes de lo que significa perder esos ideales. Yo también, en un momento dado, sentí que los estaba perdiendo, y después, de repente, desperté, sin querer, por pura casualidad, con la sensación de no sentirme bien con algo, con algo interno, y claro, me dije cosas como “Tengo que luchar contra esto”, sin saber qué significa hacerlo. Luchas y como consecuencia te quedas sin trabajo, y cuando no trabajas rebobinas y vuelves a hacer un balance de ti mismo, un repaso de tu vida, de tu relación con el mundo o con lo que es importante para ti. En ese momento de mi vida reflexioné muchísimo; y digo reflexión porque ya no se trataba de la energía de mi juventud, ni de la sensación de querer conquistar algo, y tampoco de ideas como: “Sí, esto puede hacerse, hagámoslo. ¿Qué problema hay?”, sino de la sensación de que hay tanta gente con tantas cosas que decir, y que hay tantas cosas que vale la pena decir, que parece imposible que nos apartemos de esa ancha vía de inmenso entusiasmo”.